Los autómatas son mecanismos fascinantes que han asombrado desde su invención. "El Turco" es uno de los más famosos y esta es su historia.

La historia de los autómatas es fascinante y sus antecedentes comienzan mucho antes de lo que se puede imaginar: desde los primeros capítulos de la historia de la humanidad, cuando a estatuas de dioses o reyes se les ponía fuego como ojos para figurar vida en esta área; o cuando una estatua de Osiris tuvo brazos mecánicos operados por sacerdotes. Herón de Alejandría, un importante ingeniero y matemático helénico, recogió los mecanismos y conocimientos de la época de estas peculiares construcciones.

Distintos autómatas en la historia son destacados, como el reloj elefante de Al-Jazari o los diseñados por el mismísimo Leonardo da Vinci. Del siglo XVIII destaca “El pato con aparato digestivo", realizado por Jacques de Vaucanson y «La pianista» de Jaquet-Droz. Junto a otros autómatas el que aquí nos importa es uno que puso ciertos precedentes sobre la Inteligencia Artificial y que desató desde su aparición un sin fin de hipótesis sobre su posible mecanismo, se trata de "El Turco", el autómata ajedrecista.

 

Wolfgang von Kempelen fue un inventor húngaro, célebre por la construcción de "el Turco" y por darle la fama que lo convertiría en un enigmático autómata. Su famosa atracción se trataba de un jugador de ajedrez que se enfrentaba a sus contrincantes, no sólo eso, era un jugador capaz y hábil, incluso podía realizar el "problema del caballo", un antiguo problema matemático que consiste en que el caballo pase por todas las casillas del tablero una sola vez.

La estructura completa de la atracción consistía en una cabina de madera de 1.20 cm × 60 cm × 90 cm. Atrás de ella se alzaba un maniquí vestido de túnica y turbante. "El Turco" fue presentado en la corte de María Teresa, emperatriz de Austria, en 1770. Su éxito fue inmediato y pronto estaría Kempelen de gira con su autómata por Europa. "El Turco" tuvo famosos contrincantes, se dice que le ganó a Benjamín Franklin y que cuando jugó contra Napoleón Bonaparte terminó el encuentro tirando las piezas del ajedrez porque este hizo un movimiento ilegal.

Muchas fueron las hipótesis de cómo funcionaba este famoso autómata. Algunos decían que una persona pequeña movía las piezas desde abajo o tal vez un niño, esto porque el espacio era más bien reducido, sin embargo, la habilidad de juego de "el Turco" exigía pensar que se trataba de un niño prodigio. Otras opiniones se declinaban por la opción de que el juego de "el Turco" era manipulado con imanes, otros que por hilos o cuerdas ocultas. Otros más porque una persona estaba dentro del maniquí. En fin, el asombro siempre fue lo que más despertó este autómata.

Nuevos amos mismo misterio

A la muerte de Kempelen, en 1804, "el Turco" tuvo distintos dueños. Uno de ellos, el más destacado, fue Johann Maezel quien lo llevó de gira por Francia, Inglaterra y los Estados Unidos. Más tarde lo llevó a Cuba como primer punto para una gira en latinoamérica, sin embargo, durante el trayecto su secretario William Schlumberger murió. Se dice que es posible que este hombre de confianza de Maezel fuera el maestro ajedrecista detrás de "el Turco", pues tras su muerte Maezel no continuó la gira y de regreso a Estados Unidos sólo se dedicó a beber a solas en donde finalmente murió.

El trágico final de su último dueño no fue el fin para "el Turco". John Mitchell creó un club con la intención de comprar el autómata y revelar a sus miembros el funcionamiento secreto del famoso ajedrecista. Parece ser que Mitchell no consiguió el éxito que esperaba y "el Turco" fue donado al Museo de Peale de Filadelfia. En 1854 "el Turco" fue destruido en un incendio, aunque en épocas posteriores se han construido réplicas de este especial autómata.

 

¿El fin del misterio?

A pesar de las distintas explicaciones sobre su mecanismo y de las muchas opiniones y asombro que levantó "el Turco" (el mismísimo Edgar Allan Poe escribió un ensayo sobre él) la explicación de su funcionamiento no es otro que humano. Silas Mitchell, hijo de John Mitchell, publicó un libro donde reveló los secretos del autómata, dijo, entre otras cosas, que al menos 15 jugadores estuvieron a cargo de los movimientos de "el Turco" a lo largo de su vida.

Muchas cosas se dijeron y han dicho de este especial autómata. Pero una cosa parece ser cierta: la Inteligencia Artificial es un tema que apasiona a la humanidad, es decir, aunque sabemos que "el Turco" era un autómata (controlado por humanos) el sólo hecho de imaginar que un objeto inanimado o algo más no-humano contenga la capacidad de razonamiento y conciencia no ha dejado de intrigar y apasionar la mente humana.

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