Lo más importante, aseguraron, es valorar al recurso humano y nunca dejar de avanzar.

 

 

Benítez recordó que en 1933 nació la cooperativa con el impulso de trece productores de origen suizofrancés y luego se sumaron suizoalemanes. Un 27 de junio de 1933, en el local del Club de Santo Pipó, se reunieron Eduardo Coster, Juan Girsberger, Juan de Giacomi, Adolfo Mousson, Miguel de Haller, Bernardo Christ y Andrés Bugnion para formalizar una asociación que existía desde 1930.

 

Durante varios años, la yerba que procesaba la cooperativa era para proveer a distintas empresas molineras, que la empaquetaban y vendían con sus respectivas marcas en el mercado pero a principios de 1960 se creó la marca Piporé, la que comenzó a comercializarse en Argentina y posteriormente en el exterior.

 

“Pasaron los años y el crecimiento es exponencial. La cooperativa tiene hoy 56 socios y la yerba se vende a todo el país y a distintos países”, destacó Benítez.

 

Mientras que Domínguez detalló que el 40% de la producción se coloca en el mercado externo y el restante el mercado interno. “Nuestro fortalecimiento en el mercado externo se da sobre todo en países árabes y lo secunda Chile, y después clientes menos asiduos en Estados Unidos, Canadá, Suecia, España y algo de México también, detalló Domínguez.

 

“En los últimos años, apuntamos a fortalecer también el mercado interno. La crisis pegó fuerte, y tenemos una caída significativa en ventas al país aunque las exportaciones se han mantenido”, añadió.

 

“Revertir eso sólo se logra con trabajo conjunto y diario. Las exigencias del mercado externo aumentan en relación a la calidad, a la certificación en procesos administrativos y también inocuidad de alimentos. En conjunto con el recurso humano, trabajamos para alcanzar las metas y hoy estamos en proceso de certificar el molino y secadero con buenas prácticas de manufactura”, destacó el gerente de producción.

 

“En momentos de crisis no nos podemos quedar quietos, hay que seguir adelante. Algo que no se puede hacer sin la dirección de un Consejo. También se mira lo que hacen otras entidades o firmas para ver las cosas que se hacen bien, aprendiendo también  día a día. Además, hay que afrontar la competencia, no hay que olvidar que las cooperativas tenemos que competir con grandes empresas”, agregó.

 

En ese marco, desde la entidad destacaron que lograron la habilitación para incluir en su paquete el sello de ubicación geográfica de la yerba mate. “Se trata de la segunda firma autorizada en la provincia para hacerlo, lo que nos genera una condición distinta y diferenciada en el mercado que hoy es muy importante”, dijo Domínguez.

 

En cuanto a lo que les permitió ubicarse entre las diez primeras marcas del país y exportar al mundo, la vicepresidente de Piporé remarcó que esto se debe al “trabajo en conjunto, la capacitación, la responsabilidad y la valoración de los empleados que siempre se los capacita, se les incentiva. Incluso al personal más antiguo se les da alas para que aporten su sabiduría, su experiencia y profesionalismo y lo vuelquen para el bien de la cooperativa”.

 

“También ha permanecido en el tiempo la visión del sistema cooperativo, trabajar para el beneficio de todos, y los consejos que se van sucediendo en la entidad tienen el objetivo de avanzar, crecer y no quedarse. Seguimos, consejo tras consejo, tratando de hacer  nuevas cosas, involucrarnos en nuevos mercados. En cuanto a lo productivo, lograr una combinación entre un proceso artesanal y la industrialización es lo que nos ha permitido el crecimiento”, añadió Domínguez.

 

Explicó que “se convive con una cultura yerbatera de 30 y hasta 50 años con una más profesionalizada de estos tiempos que nos lleva a tener una conjunción, un equilibrio. Ya que si bien la industria creció en tecnología, equipos de medición, mayor producción en Santo Pipó eso nuevo va de la mano de lo místico, de lo que aportan los socios fundadores que va pasando de generación a generación. Esos saberes que tiene la persona que palpa la yerba, conoce su sabor, humedad. Lo que hacemos desde la cooperativa es combinar esas cosas”.

 

Asimismo, insistió en la participación del recurso humano. “Es algo invalorable para nosotros. Podemos comprar máquinas, equipos pero si no tenemos la gente adecuada y contenta, es en vano. Valorar el recurso humano es esencial. Nos fortalecemos como equipo de trabajo, no es una estructura verticalista, sino que tratamos de incluir. Hay socios que tienen 80 años que se iniciaron acá y hay gente nueva de menos de un año”, destacó el gerente de producción.

 

También se indicó que “en momentos de crisis, como el actual que se da en la economía general y por el clima en nuestro sector, apostamos a seguir creciendo. El que se adapte va a sobrevivir en el tiempo, fortalecernos en esos puntos es lo que nos permite continuar y estar entre los diez primeros del país”.

 

“Debemos responder a los socios, es algo no menor. Hacemos reuniones informativas dos veces por año, donde se da a conocer al socio lo que estamos haciendo y también se pone a moción de los mismos proyectos de inversión o mejoras que se quieren hacer para que los aprueben o no. Hay decisiones que toman si o si en asambleas”, concluyó Domínguez.