Natanael Roque Da Silva Flor vio personalmente solo tres veces al narcotraficante y ni siquiera supo su nombre. La última vez le ofreció 30.000 pesos argentinos a cambio de llevar su droga desde su país hasta Buenos Aires. La situación de pobreza extrema en la que estaba viviendo lo tentó. Pero cuando transitaba por Entre Ríos, en la ruta 14, lo detuvieron con más de 72 kilos de marihuana. Da Silva Flor terminó condenado, mientras que el dueño de la empresa criminal sigue en su casa haciendo sus negocios.
 
El caso es un ejemplo de quién gana y quién pierde en el ambiente narco. Da Silva Flor es un cultivador de mandioca, nacido en la ciudad de Puerto Stroessner, Departamento Ciudad del Este, en República del Paraguay, y estaba residiendo en una chacra ubicada en Itapuá, Departamento de Puerto Esperanza. Tiene 43 años, es analfabeto, sobrevive a base de changas y estaba viviendo en una casilla de madera junto a su madre de 79 años. Tal era la situación de miseria en la que se encontraba, que afirmó en la audiencia ante el Tribunal Oral Federal de Paraná que actualmente, alojado en la Unidad Penal Nº 4 de Concepción del Uruguay, se alimenta mejor que cuando estaba en libertad.
 
Todo comenzó a principios del año pasado. Luego de pactar el trato con el narco, Da Silva Flor su subió al mando de un vehículo de auxilio con un auto arriba. El 27 de enero de 2016 ingresó a Argentina a través del puente Libertador General San Martín, en la localidad de Puerto Rico, provincia de Misiones. En la ruta nacional 14 lo pararon tres veces. En el puesto caminero de Yapeyú, Corrientes, le dieron un certificado de desinsectación del vehículo. A poco de ingresar a Entre Ríos lo interceptaron efectivos de la Policía provincial, en el puesto caminero del kilómetro 314 de la autovía. Le labraron un acta de infracción por transitar sin las luces reglamentarias encendidas, pero nadie advirtió lo que llevaba oculto.
 
La suerte se le iba a terminar alas 5.15 del 29 de enero, cuando personal de Gendarmería apostado en el puesto de control ubicado en el kilómetro 124,5 de la ruta nacional 14,en el Departamento Uruguay, interceptó la marcha del vehículo de auxilio perteneciente a la estación de Peaje Colonia Elía, que transportaba un auto paraguayo marca VW Brasilia. Da Silva Flor se identificó como Esteban Mariano Palma y les dijo a los gendarmes que trasladaba el auto hasta la estación de servicio Oil porque presentaba un desperfecto mecánico, y que luego debía retornar al puesto de peaje.
 
Ante las inclemencias del tiempo los gendarmes se trasladaron hasta la estación de servicios a fin de realizar el control del vehículo trasladado. Allí, el perro detector de narcóticos de la fuerza demostró signos de estar ante la presencia de estupefacientes, motivo por el cual se solicitó al Juzgado Federal la autorización para la requisa del auto y así encontraron la droga.
 
Adentro del respaldo del asiento trasero había 20 paquetes rectangulares, debajo del mismo asiento otros 36, en el lateral trasero izquierdo, se hallaron ocho envoltorios más, en el lateral derecho ocho y detrás del asiento trasero se encontraron 37 ladrillos más. En total fueron 106 paquetes. El material incautado fue sometido a pesaje donde alcanzó un peso total de 72,57 kilos, suficientes para obtener más de 1.316.627 dosis umbrales.
 
El hombre fue procesado por el delito de Transporte de estupefacientes, y llevado a juicio ante el Tribunal Oral Federal de Paraná. Prefirió realizar un procedimiento abreviado en el que, asistido por el defensor oficial Mario Franchi, acordó con el fiscal general José Ignacio Candioti la pena de cuatro años y cuatro meses de prisión.
 
La jueza Lilia Carnero homologó el acuerdo en la sentencia condenatoria, en la que además ordenó la expulsión del país de Da Silva Flor, por ser ciudadano paraguayo, tal como él lo había solicitado, ya que así lo dispone la Ley de migraciones.