La oficina de su estudio jurídico cuenta con una vista privilegiada del centro cordobés. Relajado, Mario Raúl Negri, posa junto al amplio y luninoso ventanal y tras la sesión de rigor que ilustrara esta nota, llama al fotógrafo y con una sonrisa le señala cada una de las cúpulas que asoman sobre las callecitas de la peatonal. "Mira qué belleza, por eso la llaman la Córdoba de las campanas”. A pesar de haber nacido en Lucas González, un pequeño pueblo de Entre Ríos, Negri contempla orgulloso la ciudad a la que llegó para estudiar derecho y en la que forjó su vida personal y política. En diálogo con PERFIL CORDOBA, el diputado radical con más llegada a la Casa Rosada admite que quiere ser gobernador y considera que la provincia “entró en un proceso de chatura, en un estado casi al borde de la nostalgia y de vivir sobre lo que era en Cordoba. Cuando uno en política entra a orientar la conversación sobre lo que fue, es porque no desafía el futuro.

-¿El radicalismo podrá romper esa hegemonía de dos décadas en el 2019?

Quiero que los cordobeses se animen a dar un salto de cambio. Tenemos que hacernos cargos de nuestro pasado, en segundo lugar no hacer carroña de la situación y en tercer lugar, los radicales tenemos que tener más cuidado porque gobernamos 16 años en la provincia y la gente en su momento se fatigó.

-¿Cree que hoy los cordobeses están fatigados?

Si. Cuando te empezás a olvidar el cepillo de dientes en el despacho, dejás la foto de tu familia y te olvidas el saco y la corbata, tenés que tener cuidado porque estás confundiendo lo público con lo privado, pensás que te vas a quedar a vivir ahí y eso no es así. Hay que tener siempre la sensación de que el secreto de la democracia es la alternancia y alguien se está preparando con una propuesta mejor.

-¿Y usted como vive ese panorama?

Tengo que ser sincero, yo celebro los triunfos nacionales pero tengo un poquito de desazón porque hace muchos años que no podemos festejar un triunfo construído por nosotros fronteras adentro. Los que piensan que el triunfo de Cambiemos nos arrastra a un triunfo en Córdoba, se equivocan de cabo a rabo. A los cordobeses hay que enamorarlos de nuevo y decirles que vale la pena bajarse de ese tren, aún por las cosas buenas que los votaron al principio y que vale la pena cambiar.  Si no nos emborrachamos con un triunfo, si entendemos la sociedad, creo que se nos abre una puerta.

-¿Cómo lee el resultado de las PASO en Córdoba?

Los resultados de las Paso fueron contundentes, Unión por Córdoba nunca tuvo una perforación de esa magnitud. El gobernador quiso hacer un mano a mano con Macri y en términos de truco “no entró en las buenas”. Polarizó mal la elección y el resultado fue muy amplio, pero eso no lleva a Cambiemos Córdoba al gobierno. Los resultados electorales te dan votos de confianza pero no eternidad. Acá hay que construir un proyecto.

-¿Usted encabezaría ese proyecto?

A mi me gustaría gobernar Córdoba, lo que no quiero es ser candidato para cumplir. No me interesa las candidaturas, resultado de la necesidad y urgencia electoral. Fui una sola vez candidato a gobernador cuando el radicalismo tenía todo en contra. En ese momento me preparé para gobernar Córdoba y lo hice con responsabilidad. Hoy la situación cambió y el radicalismo tiene que entender que esta es otra Córdoba, no la de 17 años atrás. Tengo el sueño de que Córdoba vuelva a ocupar el lugar que tuvo, pero hay que ver que quiere la gente. Soy el primero en entender eso. Camino por la calle y percibo que es lo que pasa.

-¿Que percibe?

Un grado de confianza y de aliento. Me siento con mucha responsabilidad y con la capacidad de no defraudar a nadie, pero no me como la cancha. Eso quedó para cuando tenía 18 años. Uno con los años gana en serenidad para ver las cosas y en la cabeza tenés un chip cargado de experiencia, de pasado, de presente, de eventos similares y como se reaccionó.

-¿Como ve la gente hoy al radicalismo?

Hoy comienza en un lento camino de revalorización, en término de una decisión que tomó que fue la de Gualeguaychú. No había márgenes y fue un salto sin red. La conjunción de Cambiemos frenó la afirmación del populismo. Se venía la degradación de la democracia. Del 2006 en adelante, el kirchnerismo fue una confusión brutal: esconder estadísticas, esconder inflación y encerrarnos frente al mundo.  Mantener el relato no tenía precio, todo valía y eso se pagó muy fuerte. En ese contexto el radicalismo no le alcanzaba para llegar a gobernar. No se había terminado de elaborar y procesar en su vínculo con la sociedad, la crisis del 2001. Porque es una crisis que solo el tiempo va a procesar. El radicalismo le dio gobernabilidad a Cambiemos. Hay muchos que se confunden, nos desprecian y piensan que vamos a morir como partido.

-¿Absorbidos por el PRO?

Nadie absorve a quien no se deja absorver. El radicalismo tiene que mirarse en su propio espejo y preguntarse: “que hicimos nosotros en la vida. Que somos como fuerza política”. El radicalismo gobernó poco pero hizo dos contribuciones muy grandes en la historia, cuyo resultado fue tan bueno que no perteneces más al radicalismo. Con Yrigoyen fue el voto y con Alfonsín la transición democrática. Esos temores van a disiparse cuando el radicalismo entienda que su competencia no es con el PRO sino con el mismo.

-Sin embargo a la hora de gobernar, da la impresión de que Macri decide sólo.

Cambiemos es un prototipo, no una coalición clásica. Yo te diría que la coalición fuerte es parlamentaria, no en el Ejecutivo. Lo primero que había que lograr era gobernabilidad. Lo que se evita no es lo que más se reconoce. Hubo una alianza electoral con éxito y creo que después de octubre hay que hacer un balance, ver cuales son los desafíos y decidir hacia que país vamos.

-¿Qué tipo de escenario es el que se viene?

En política es fundamental anticiparse a lo que va a pasar. El gradualismo es difícil conciliarlo por la impaciencia social y más ahora que venimos del populismo y de un país de ficción. Creo que viene una agenda más pesada. Hay interrogantes que resolver. Tenemos un déficit alto que no se puede financiar con endeudamiento. En esta elección la economía no le pagó al gobierno electoralmente. Acá hay gente que tenía el voto decidido y tenía algo en mente: no volver atrás, aún sin aplaudir al gobierno.

-¿La realidad de la ciudad de Córdoba como la ve?

Como vecino veo que Córdoba es una ciudad radial, tiene mucha territorialidad y eso hace que sea muy costoso brindar los servicios a medida que nos extendemos de la circunvalación. En algún momento quise ser intendente, pero que quede claro que eso ya pasó.  Veo que la ciudad tiene mucha potencialidad. Mestre (padre) diseño la ciudad para que la gente empiece a vivir alrededor del río. Durante el día no hay espacio para caminar en el centro y a la noche te da miedo la soledad. Creo que habría que tener un proyecto de desarrollo de los barrios cercanos. Hasta se podría potenciar el hecho de que la gente venga caminando al centro, y no digo más nada al respecto (sonríe).

-¿Tiene dialogo con el intendente?

Si, dialogo con todos. De que hablamos no me preguntés. Nos enojamos también porque yo soy calentón aunque cada vez me cuesta más levantar temperatura.

"La prioridad es la aparición de Santiago Maldonado”Negri se muestra molesto por la utilización política del caso Maldonado. Comparar a Macri con los falcon verdes y la dictadura es “una carroña”. “Me duele no encontrar a alguien que está desaparecido. La palabra desaparecido es un tajo a la memoria. No se me cruza por la cabeza que pueda haber encubrimiento y creo que hay que ir hasta el hueso sin importar quien caiga”, admite. “Ver que una expresidente crea que pueda haber una cantera electoral sobre el dolor es de un retroceso total. Es del canal Volver. He escuchado decir cosas impensadas. Falta decir que Macri anda con una picana en vez de un celular. Es una cosa de locos. Para Cristina, Macri es la dictadura y Maduro es la democracia. Creo que ahí ella debe consultar a alguien que la ayude a resolver ese rollo”.