Quedó todo para después de las elecciones, pero los aumentos en los precios de la energía previstos para la segunda parte del año llegarán a partir del 23 de este mes y, de manera escalonada, se sentirán en los meses siguientes. Naftas, electricidad y gas tendrán nuevos valores, que impactarán en el bolsillo y el índice de inflación, aunque -dice el Gobierno-, serán menos relevantes que los implementados hasta ahora.

Gas

El Gobierno convocará a una nueva audiencia pública, se que llevará a cabo no antes de noviembre, para rubricar incrementos en el precio del gas de boca de pozo, como consignó el diario Ámbito Financiero. Si bien el Ministerio de Energía de Juan José Aranguren ya fijó un cronograma de aumentos que rige desde octubre del año pasado, el Ejecutivo organizará la audiencia para evitar cualquier inconveniente legal, luego del fallo de la Corte Suprema de agosto de 2016 que obligó a realizar estos actos públicos.

En octubre del año pasado, Aranguren definió un sendero de aumentos en el precio de gas de boca de pozo, que representa hasta un 60 por ciento de la factura y que está cada vez menos subsidiado. Según el calendario originalmente previsto, el gas debe aumentar en abril y en noviembre de cada año hasta eliminar completamente los subsidios a la producción, a fines de 2019 o de 2022, en el caso de la Patagonia.

El gas debería aumentar un 11 por ciento en dólares, desde los u$s 3,77 por millón de BTU a los u$s 4,49. Aunque el Gobierno aclaró que esta cifra deberá ratificarse en la audiencia y puede variar. A eso debe sumarse la devaluación del peso, del orden del 15 por ciento. Así, el precio base de fluido treparía casi 40 por ciento, sin contar actualizaciones en los segmentos de transporte y distribución, que suman algo así como el 20 por ciento de la factura final. En las renegociaciones con transportistas y distribuidores de gas se acordaron revisiones semestrales basadas en inflación, tipo de cambio y nivel de avance de inversiones comprometidas para mejorar y ampliar la red.

Fuentes del sector indicaron que el aumento en la factura se concretaría en diciembre. La magnitud y el tiempo dependerán también de la política: no solo de la fortaleza con la que el Gobierno salga de las elecciones, sino también de las metas de inflación del Banco Central. ¿Conviene dejar el incremento para el año entrante y tener menor inflación este año o asumir el costo de un índice mayor al 17 por ciento previsto para 2017 y dejar más limpio el escenario para 2018?

Electricidad

El camino burocrático para aumentar la tarifa de la electricidad y reducir los subsidios es similar al del gas. Aunque, en este caso, el grueso de los recursos del Estado están concentrados en subsidiar la luz del área metropolitana, donde brindan servicios Edenor y Edesur.

Originalmente, los aumentos semestrales están previstos para enero/febrero y septiembre/octubre. El incremento llegaría en noviembre o en diciembre. También aquí las distribuidoras piden una revisión de costos por el avance de la inflación. Y el Ejecutivo se propuso llamar a una nueva audiencia pública, esta vez para definir los incrementos de la electricidad mayorista.

El aumento de la luz será más sensible que el del gas. Estacionalmente, el consumo de fluido se concentra en el invierno, para calefaccionar. La demanda de electricidad crece en los picos climáticos (mucho frío, mucho calor) por el uso del aire acondicionado en los hogares.

Combustible

El 1° de octubre, el precio del combustible quedó liberado y cada petrolera puede cobrar lo que quiera, sin más restricción que la que imponga el mercado. Desde entonces, las distribuidoras comenzaron a aplicar aumentos en los precios mayoristas de nafta y gasoil, que afectan al transporte de personas y mercancías y a la producción agropecuaria, principalmente, y que deberían impactar en los precios al consumidor de bienes y servicios. Aunque YPF, la gran abastecedora mayorista, todavía no aplicó subas.

El "mercado", sin embargo, esperará hasta el 23 de octubre para aplicar las subas en los surtidores. Según fuentes sectoriales, los incrementos serían de entre 6 y 10 por ciento, en línea con la devaluación del tipo de cambio y la inflación. El último aumento se había registrado en julio.