Un artículo publicado por The Economist afirma que la mayor parte de las naciones de América Latina hace esfuerzos impresionantes cuando se trata de combatir la malaria.

Los casos detectados en la región disminuyeron en un tercio entre 2010 y 2015, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), gracias en parte al aumento del gasto en salud. Al mismo tiempo, las tasas de mortalidad de quienes han contraído malaria disminuyeron en un 37%.

Sin embargo -analiza el medio-, hay un caso atípico: Venezuela. En 2015, el país caribeño sumaba el 30% de todos los casos de malaria informados en las Américas: más que Brasil, que tiene seis veces más personas. Según el chavismo, se reportaron 240.000 casos de la enfermedad en 2016, un aumento del 76% con respecto al año anterior.

El ex ministro de Salud José Félix Oletta estima que más de medio millón de venezolanos contraerán malaria en 2017. ¿Qué explica el terrible historial del país?

 

Venezuela ha estado plagada desde hace mucho tiempo por mosquitos. Las llanuras costeras -sus zonas de malaria- de la nación constituyen un caldo de cultivo ideal para los insectos.

 
El presidente Nicolás Maduro ha exacerbado la crisis (iStock)
El presidente Nicolás Maduro ha exacerbado la crisis (iStock)

A principios del siglo XX, la enfermedad era considerada endémica en dos tercios del país. En ese momento, Venezuela tenía el mayor número de casos de malaria en América Latina, con 164 de cada 100.000 habitantes muriendo por esta enfermedad cada año.

Pero un equipo de científicos venezolanos, encabezado por Arnoldo Gabaldón, hizo un trabajo excepcional. En 1945, comenzaron a aplicar un insecticida desconocido en hogares de todo el país. La sustancia pegajosa cubrió las paredes, matando a los mosquitos.

El programa fue un éxito. Al final de la década, la tasa de mortalidad por malaria había disminuido a nueve por 100.000. En 1961, la OMS declaró que la malaria había sido erradicada en dos tercios de la zona de la malaria.

The Economist afirma que el reciente retroceso de Venezuela se debe mucho a su decadente economía. Los controles en la importación y la falta de divisas han provocado una escasez de los medicamentos necesarios para tratar la enfermedad.

Unos 50.000 venezolanos han respondido a la crisis económica del país incorporándose a la minería ilegal y mudándose a áreas rurales donde prosperan los mosquitos. Los agujeros que cavan recogen agua, proporcionando a los insectos un terreno de reproducción ideal.

 
En mayo, Maduro despidió a la ministra de Salud, Antonieta Caporale, luego de que ella publicara las estadísticas sobre casos reportados de malaria (iStock)
En mayo, Maduro despidió a la ministra de Salud, Antonieta Caporale, luego de que ella publicara las estadísticas sobre casos reportados de malaria (iStock)

La malaria es abundante en estas áreas: en 2013, el 60% de todos los casos en Venezuela ocurrieron en Sifontes, un municipio minero fronterizo con Guyana. Los trabajadores, muchos de los cuales viajan desde toda Venezuela, son las incubadoras perfectas para la enfermedad.

Se mueven con frecuencia de una región a otra y no pueden pagar el tratamiento. Cuando regresan a las ciudades, el virus puede propagarse rápidamente.

El presidente Nicolás Maduro ha exacerbado la crisis. En mayo, despidió a la ministra de Salud, Antonieta Caporale, luego de que ella publicara las estadísticas sobre casos reportados de malaria y otras enfermedades por primera vez en dos años. Ningún dato más se ha publicado desde entonces.

Maduro culpa de la escasez de medicamentos a una supuesta "guerra económica" y ha pedido que la ONU brinde apoyo. En agosto, UNICEF anunció que estaba donando 95.000 medicamentos antipalúdicos al gobierno para el tratamiento de niños. Pero no hay ni una pequeña señal de que la enfermedad esté siendo contenida.

Los países vecinos de Venezuela están preocupados. La incompetencia de Maduro está costando vidas y deshaciendo décadas de trabajo duro.