Algunas cuadras antes de llegar, con viento en contra ya se podía escuchar la música que salía de parlantes portátiles, de esos que funcionan a batería y con bluetooth. Era cumbia y dos o tres canciones se mezclaban en el aire. Sobre la baranda frente a ese río que todavía trae un poco de camalotes, pescadores de todas las edades pasaban la tarde, lo mismo bajo la sombra de los árboles. En la playa tan angosta todos los que podían estaban en el agua, y así, Bajada Grande –limpia, segura y familiera– se volvió a llenar de gente en la tarde de ayer como cada día de este fin de semana largo.
Fue uno de los lugares más elegidos; eran las 17 y todavía las churrasqueras humeaban, al mediodía fueron todas ocupadas. En las hamacas jugaban los chicos, y otros más pequeños corrían por todos lados, había niños que pescaban, otros esperaban mojarras desde sus bogueritos y gritaban ante cada pequeña conquista; había algunos que pateaban la pelota, otros que se bañaban en el río y hasta algunos que usaban la barranca de tobogán.
Juliana Alaguibe es de Paraná y llevó a Gastón Carrió, que es de Resistencia, Chaco, a que conozca Bajada Grande. Pescaban los dos, aunque aseguraron que había poco pique. "Hay mucho movimiento", dijo Carrió, y tenía razón, a lo lejos llegaba una lancha y más atrás un bote con unos muchachos que remaban.
Otros, sentados en sus sillones tenían los pies en el agua y tomaban sol, aunque algunos, como Ariel Montero, esperaban bajo la sombra que algún pez les mordiera la carnada. "No, no sale nada. Venimos a tirar las cañas nomás, a pasar el día, a despejar la cabeza", dijo el hombre que trabaja en la construcción, vive más en San Benito que en Colonia Avellaneda –así lo dijo– y que llegó a Bajada Grande junto a otra familia amiga.
Desde San Agustín y Anacleto Medina llegaron Andrea, Gloria, Claudia y Mélani. Pasaron la tarde, también bajo la sombra de un árbol y contaron que Bajada Grande es su lugar elegido entre tantos otros que hay en Paraná, ni por el Parque Urquiza lo cambian. "Siempre venimos porque es tranquilo, además está todo limpio, también los baños y esto antes no era así", contó Andrea, y hasta ponderó, junto a sus amigas, que tienen para comprar tortas fritas y agua caliente, lo que les permite quedarse mucho más tiempo a disfrutar del paisaje.
Ayer, según los datos de Prefectura, el río Paraná alcanzó los 4,34 metros y quedó cerca de esos 4,4 que se esperaban como pico de esta creciente. En Bajada Grande hace dos semanas que las playas ya casi no existen, por momentos queda menos de un metro de arena y el agua llega hasta la barranca. Los guardavidas fabricaron una escalera algo precaria pero útil, y otros, para poder bañarse, bajan con cuidado. Ayer por la tarde estaban en su turno los cuidadores Federico, Fátima y Nahuel. Contaron que el río, por la mugre que navegaba aguas abajo, con seguridad iba a seguir creciendo, aunque desde hace dos días parece haber alcanzado una pequeña meseta. Dijeron que en general no tienen grandes problemas, a no ser por los chicos que se tiran desde el muelle; señalaron que hasta pidieron por un policía, alguien que pueda controlar esa tan tradicional como peligrosa actividad de arrojarse desde lo alto.
 
Vuelve el calor
En lo que queda de esta semana, si bien estará parcialmente nublado, las altas temperaturas volverán a la región.
No hay alertas de tormentas ni se pronostican lluvias, pero el calor volverá a ser agobiante. Según el Servicio Meteorológico Nacional las mínimas subirán de 17° a 25° antes de llegar al sábado y las máximas irán de 34° a 37°; muy lejos de los 29,6° que registró de máxima la capital provincial ayer, según la central meteorológica de la Bolsa de Cereales de la Provincia.
Sin dudas Bajada Grande seguirá recibiendo visitas y mucho más de continuar así: limpia, segura y familiera.