Llegó el gran día esperado por todos los participantes de la travesía. La recepción se realizó como siempre en un hermoso hotel de Foz de Iguazú, en el piso 17 con una vista privilegiada de la ciudad, en donde se explicó cómo sería el viaje y se entregaron las remeras conmemorativas junto al programa completo.

Primera etapa

El itinerario: desde Foz de Iguazú, pasando por Chapada dos Guimaraes y la ruta BR 319, hasta Manaos. Visitamos el Parque Nacional Chapada dos Guimaraes de hermosas caídas de agua y paredones rojizos. Al día siguiente conocimos el Salto das Nuvens, de mucho caudal y rodeado de un atractivo lodge. Más adelante, después de pasar por Porto Velho a través del río Madeira, llegamos a Humaitá, un pintoresco pueblo amazónico en el cual nos reabastecimos con combustible para realizar un largo trecho por la BR 319 hacia Manaos.

Esta ruta legendaria para todos los aventureros, cuenta con unos 500 km en donde se mezclan la tierra, el asfalto destruido y el barro, y su transitabilidad varía según la época de lluvia. El primer día fue tranquilo: hicimos unos 200 km y paramos en un refugio antes de que llegara la noche.

En la jornada siguiente comenzó la acción. De pronto, faltando unos 40 km para la localidad de Igapó Azú, arribamos a la parte más complicada: un atolladero (como lo llaman allá) de metros y metros de barro. Luego de analizarlo por todos lados, nos dimos cuenta de que era casi imposible que un vehículo 4×4 pudiera superarlo, pero había que intentarlo. Mientras, alguien del grupo fue a buscar unos tractores a unos 10 km (ya teníamos el dato). Después de tanto intentar, al día siguiente llegó un enorme tractor 4×4 a rescatarnos. Sacó la primera camioneta y volvió a buscar el resto, dejando huellas de casi 80 cm de profundidad que lo atrapaban. Por suerte vino otro tractor para ayudarnos a salir de allí.

Seguimos rumbo a Manaos, pasando primero por la comunidad Igapó Azu. Allí cruzamos con una balsa un río donde se pueden avistar los famosos delfines rosados del Amazonas. Realizamos unos kilómetros de tierra y después comenzó el asfalto que nos dejó, ya de noche, en Castanho de Careiro.

Al otro día nos dirigimos a tomar la balsa para llegar a Manaos. Subimos a la parte superior donde el viento acariciaba nuestras caras mientras íbamos por el río Solimoes rumbo al “encuentro de las aguas” con el río Negro. Este reconocido espectáculo natural es la confluencia del Negro, de aguas oscuras casi negras, con el Solimoes, de aguas más claras con tonalidad arcillosa. Finalmente, ingresamos a la hermosa ciudad de Manaos, caracterizada por su historia y arquitectura deslumbrante. Obviamente, la  recorrimos de punta a punta.

Segunda etapa

El recorrido: desde el Parque Nacional Canaima rumbo a Guyana, Surinam y Guyana Francesa.

Ya en Venezuela, avistamos la caída de agua más alta del mundo: el Salto Angel, de unos 979 m. Se encuentra en el Parque Nacional Canaima, un ambiente sin desperdicio y con diversas actividades para realizar en su reconocida laguna Canaima, rodeada de saltos.

Volvimos a pisar suelo brasileño únicamente para insertarnos en la inhóspita región de Guyana. Este país, hoy en día independiente, fue colonia inglesa, y esa clara herencia se puede ver en su arquitectura  y en su idioma. Al entrar a Guyana se notan los cambios, un puente entre los dos países hace que uno, sin darse cuenta, al estar en suelo guyanés se encuentre manejando por la izquierda.

Otra vez en ruta de tierra, rodeada de la hermosa Sabana de Rupununi, que más adelante se mezcla con la impactante selva de Iwokrama. Es difícil acostumbrarse a andar por la izquierda, y más en las rotondas, pero por suerte la primera parte recorrida es de poco tránsito. Empezamos a andar por la ruta de tierra, rodeada de la hermosa sabana de Rupununi, que más adelante se fue mezclando con la impactante selva de Iwokrama.

Finalmente, en Georgetown, la capital del país, nos alojamos en un hotel colonial. Al día siguiente fuimos al Parque Nacional Kaieteur, un viaje en el cual vimos a la ciudad de arriba y a las minas de oro. Pronto comenzó la selva, hasta que sin darnos cuenta se empezaba a ver ese impresionante salto que te deja boquiabierto por unos cuantos minutos: el Kaieteur, de unos 270 m.

Luego de unos días dejamos Guyana para ingresar a Surinam, un país más ordenado y prolijo. En Paramaribo, su capital, existe una mezcla de religiones increíbles que conviven en un mismo territorio. Así, visitando la ciudad podemos ver una mezquita, una sinagoga, un templo hindú o una iglesia. La comunicación es complicada ya que su lengua es el holandés.

Nos tocaba dejar atrás a Surinam y llegar a la Guyana Francesa. Cruzamos con una balsa pequeña el río Maroni y ya estábamos en territorio francés.  Esta Guyana tiene 250 mil habitantes, y debido a que es territorio francés no posee tanta relación con las naciones vecinas, por eso todo lo que consume viene de ese país europeo, ya sea en barco o en avión.

Tercera etapa

Recorrido: cruce del río Amazonas, Sao Luis y Parque Nacional Lencois de Maranhenses.

Después de tantos días en países extraños para nosotros volvimos a Brasil, nuestro segundo hogar, a través del reciente puente que lo une a la Guyana Francesa. Desde Oiapoque recorrimos el último tramo de camino terrado y retomamos el asfalto hasta llegar a Macapá. Allí nos recibió el Jeep Club de Macapá en su sede. Gente maravillosa que nos dio una bienvenida emocionante.

Al día siguiente nos encomendamos a realizar el legendario cruce del Amazonas. Y fue así como a bordo del Ana Beatriz atravesamos el gran río. Al subirse al barco la sensación es como adentrarse en la cultura amazónica: los llamados redarios (tipo hamacas paraguayas) en cada piso, los barquitos que se iban acoplando a la nave mayor para cargar y descargar mercadería, las casas en la costa sobre palafitos y, lo que nunca puede faltar: la música y felicidad con la que viven día a día.

Desembarcamos en Belém y nos dirigimos hacia la ciudad de Sao Luis, reconocida por ser la única de Brasil fundada por franceses y no por portugueses. Como último destino destacado visitamos el Parque Nacional Lencois de Maranhense, un paisaje único en la tierra, de lagunas cristalinas rodeadas de dunas blancas de arena. A partir de aquí, a pesar de estar bien al norte aún, emprendimos el regreso. Fue un viaje de aprendizaje y compañerismo absoluto que cuesta mucho sintetizar.

Nota completa publicada en revista Weekend 456, marzo 2018.

 

 
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