Desde mediados del año pasado, los vecinos se ven conmocionados, de alguna u otra manera, por un caso de abuso sexual radicado en la Comisaría Séptima, con intervención de la Línea 137 y que ya está judicializado. Lo que estremece es que la víctima es un niño de 6 años y el autor  un vecino del barrio que tiene 11.

Las complejas características del hecho hacen que la situación se vuelva casi insostenible para la familia del menor de los niños, pese al tratamiento y la asistencia que recibió -su familia cree que son insuficientes- ha mostrado cambios en sus comportamiento, lo que no le permite una vida normal. Casi no puede salir a la calle, puesto que el otro menor implicado vive a unas cuadras.

Además, los implicados van al mismo colegio, aunque en turnos diferentes, y no se pueden cruzar en los actos que organiza la institución.

Según consta en la denuncia a la que tuvo acceso El Territorio, el hecho ocurrió un domingo junio último. En horas del mediodía, los dos pequeños y otros chicos del barrio se encontraban jugando en una casa en construcción. Pasadas unas horas, llegó el padre del joven más grande al lugar y desde lejos lo llamó.

En esa instancia, la madre del más chico notó que ambos saliendo del lugar solos, uno por atrás y otro por adelante del inmueble, y que su hijo se estaba acomodando los pantalones. La situación activó las alarmas de la madre, quien de forma inmediata le preguntó a su progenitor por lo que había sucedido, aunque nunca esperó lo que vino luego.

El niño al final contó la situación de ultraje y la señora terminó de corroborarlo al examinarlo. 

Sin respuestas

Lo primero que hizo la madre fue ir a la comisaría a radicar la denuncia, pero los efectivos policiales le aconsejaron que primero lo atiendan en el hospital. Al día siguiente, los médicos forenses confirmaron que había sido abusado y se activó el protocolo de asistencia.
“Eso fue en junio y hasta hoy no tengo respuestas, no tengo nada”, relató entre lágrimas en diálogo con El Territorio la madre del pequeño. “Yo me fui al juzgado y la Línea 137 para pedir ayuda y desde ahí no sé más nada. No sé si le citaron a los otros, a mi no me citan”, agregó, aunque detalló que está teniendo asistencia de una psicóloga.

Sobre el otro menor involucrado, la mujer relató que “anda por la calle. No puedo dejarle que  -por su hijo- salga a la calle porque donde lo ve se pone mal, nervioso, llora, porque le amenazó que le iba a pegar”. Más allá del difícil momento que le toca atravesar, la mujer señaló que “lo que más de dolió es que no me quisieron tomar la denuncia, diciéndome que le iba a perjudicar a la otra familia”.
La mujer expresó que tuvo una conversación con la otra familia involucrada, pero que estos negaron que haya sucedido y no quisieron hablar del tema.  

“Lo que quiero saber es si le hicieron citación, si le están haciendo el seguimiento a él. Yo no sé nada. Como le dije a la maestra, esto como pasó acá -en su casa-, puede pasar en la escuela. Él no puede estar así -sobre el otro menor involucrado-, puede abusar de cualquier criatura que está en la calle”, dijo sin poder contener el llanto.

“Creo que sólo Dios me sostiene, es muy doloroso volver a recordar todo esto y todo lo que pasé”, concluyó compungida la mujer.

El entorno del niño mayor, señalado

Según expresaron profesionales consultados, la Linea 137 se encarga de asistir a las víctimas de violencia al momento de realizar la denuncia, con la contención y el inicio del proceso judicial.

Cabe señalar que en este caso en particular al niño mayor implicado no le cabe ninguna responsabilidad, puesto que es inimputable.

Tanto la madre de la víctima como los especialistas explicaron que es muy importante indagar sobre el entorno del niño que cometió el abuso, puesto que “puede ser una conducta aprendida”, es decir, que puede estar sufriendo algo similar.

“Generalmente hay que hacer un tratamiento por el entorno del niño y esto no siempre se hace”, se remarcó.