La democracia es un sistema ético más que de gobierno, un equilibrio entre la libertad y la igualdad. No se reduce a que haya elecciones ni tampoco (aunque es condición más que necesaria: imprescindible) a que haya división de poderes (causa) y alternancia de personas y partidos en el poder (consecuencia). La democracia como sistema ético persigue eliminar dictaduras tanto en el Estado como en el mercado. Su fin es combatir las posiciones dominantes para que unos pocos no dominen a todos. El periodismo fue su gran herramienta denunciando cualquier concentración o abuso de poder. No hay libertad bajo un poder concentrado, ni como ciudadano, ni como consumidor. El siglo XX fue el de la lucha entre la democracia y el totalitarismo: de derecha (Hitler/Mussolini) y de izquierda (Stalin/Mao). Hubo una guerra mundial y una guerra fría donde la superioridad ética de la democracia se impuso. Tras la caída del Muro de Berlín, China y Rusia cambiaron su sistema político/económico imitando progresivamente a Occidente. Se creía, con optimismo, que la instauración de la economía de mercado, donde los productores competían por la elección de los consumidores, derivaría en un sistema electoral donde los candidatos y los partidos competirían por la elección de los votantes.