Eso dice el convenio laboral local, que impone, de entrada, un costo laboral téórico 14,4 por ciento mayor al de Rosario, Mendoza o cualquier otra ciudad. 
Pero no todos los vecinos saben que hay otras inflexibilidades tanto o más  costosas. Por ejemplo, que la jornada no se puede desdoblar. Así, hay que poner una cantidad de colectivos y choferes suficiente por ejemplo para atender las dos horas pico de la primera mañana y de la tardecita. Y esa misma cantidad, ya innecesaria, debe seguir circulando durante horas “valle”, previas y posteriores a las horas pico. Si un tercio de los choferes, tal vez cobrando un premio, desdoblaran su horario y trabajaran sólo en las horas pico de la mañana y en las de la tarde, podrían “ahorrarse” choferes y colectivos cuando los pasajeros son muchos menos, en las horas valle.
Todo eso no puede hacerse por la rigidez laboral. Cada colectivo que se quiera agregar debe circular también cuando no hace falta. Y eso exige subir aún más la tarifa.