Comprar un litro de leche, tomar el tren o abrir una canilla es apenas un instante. El consumidor ciudadano sabe que su responsabilidad no se agota en el momento de la compra. La forma en que el producto fue hecho y la manera en que después se transformará en un desecho son datos que los nuevos consumidores tienen en cuenta.

A la hora de comprar, el consumidor-ciudadano considera, además de la calidad y el precio, las problemáticas sociales que genera el proceso de producción y las ambientales que se prolongan, incluso, después de haber consumido los productos.

Los blogs, las páginas de internet de las Ongs y las redes sociales son un buen vehículo de para la democratización de estos datos.

Otras formas de obtener información sobre el desempeño (calidad) y las consecuencias sociales y medioambientales del uso de productos pueden encontrarse en:

*Sello de Comercio Justo. Es distinto pensar “Quiero el café mejor y el más barato” a “Quiero el café más rico, sano y seguro para mí y para toda la comunidad”. Al elegir un producto con la etiqueta de “comercio justo” el consumidor sabe que la empresa que lo fabricó cuida el medio ambiente, brinda condiciones de trabajo dignas a sus empleados y paga un precio justo a los productores por la materia prima.

*Información sobre consecuencias sociales y medioambientales del consumo. Un buen ejemplo está en www.goodguide.com. Se trata de un sitio que califica la calidad, el impacto ambiental y el comportamiento ético de las empresas productoras de todo tipo de productos. Se pueden chequear estas condiciones en yogures, pañales, hamburguesas, bebida y hasta celulares. En EE.UU., tiene disponible una aplicación para teléfonos móviles para scannear el producto en el punto de compra y así obtener información.

*Programa de Desempeño de Productos del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial.) Se puede consultar en www.inti.gob.ar/productos. Se trata de una serie de informes en donde se analizan la calidad de productos y se indaga si en su fabricación se cumple con las reglamentaciones.

Hay por ejemplo estudios sobre queso cremoso, barritas de cereal y hornos a microondas. Los resultados son sorprendentes. Por ejemplo:

- En un informe de 2013 en el que se analizaron 20 marcas de sidra, se encontró que 9 de ellas contenían benzoato (un conservante no permitido en este producto).

- En 2010, se detectó en el análisis de las salchichas que dos marcas contenían “carne de ave” a pesar de que eso no estaba declarado en la etiqueta.

- En 2011, en el análisis de las aguas de mesa, se determinó que la mitad de las marcas analizadas superaban el límite permitido de “bacterias aerobias mesófilas”, a las que relacionaron directamente con la limpieza en las plantas envasadoras.

Las empresas tratan por todos los medios de ocultar a la opinión pública si fueron denunciadas o condenadas por la mala calidad de sus productos o por un mal servicio. Por eso la publicidad de este tipos de datos protege al consumidor y motiva a las empresas a producir y comportarse en forma responsable.