En la cultura inca, lo masculino y lo femenino representaban fuerzas indisolubles, un poder que hacía posible la existencia del orden universal. Lo que quería decir es que daba igual si el sexo era con mujeres, hombres o todas las variantes que entran el catálogo.

 

El sexo se usaba para reproducirse tanto como para el placer, sin culpas ni represiones de ningún tipo. La culpa y el castigo llegaría recién con los blancos y la imposición de la religión.

 

En el norte del imperio era donde más se toleraba el todo contra todos. Varios son los museos que exhiben huacos, esculturas en cerámica de aquel período de la cultura prehispánica peruana, donde han quedado testimonio de las prácticas sexuales más habituales de los incas. Se pueden comprobar cómo existían relaciones sexuales entre muchachos sin que tengan ningún tipo de implicaciones morales ni jerárquicas como las vemos actualmente.

 

Desde chicos, se les enseñaba la experiencia amatoria. Se sabe que existían mujeres dedicadas a enseñarles a los pibes el arte de la masturbación o como podían mantener la erección por más tiempo.