HISTORIAS DE VIDA

En el marco del Día del Trabajador, que se celebró ayer, la sección Historias de Vida de esta semana cuenta las vivencias de un formoseño cuya mentalidad de progreso y de trabajo conjunto pudo sobrellevar todas las crisis económicas y mantener a flote la fuente de trabajo de decenas de familias.


Su crianza y los fuertes valores inculcados por sus padres lo apuntalaron a él y a sus hermanos en la senda de la superación diaria, el sacrificio y la perseverancia en pos del bien común.

Se trata de José Francisco Vilardell, quien nació el 24 de julio de 1956 en Formosa capital. Su padre se llamaba Luis Vilardell y su madre Asunción Amarilla. Tiene cinco hermanos, de los cuales uno falleció y otro es un reconocido médico de esta ciudad. 

Realizó sus estudios primarios en la Escuela Nº 31 “General Belgrano” y los secundarios en la ENET Nº 1.

Está casado con Zulma Britez y fruto de ese amor nacieron sus dos hijas, Marcela y Gabriela. Tiene seis nietos.

Espíritu trabajador


Desde muy joven, para ayudar a su familia y por iniciativa propia, salió a conseguir trabajo. Al principio se inició en una empresa constructora como dibujante técnico. Luego viajó a Buenos Aires, donde estuvo dos años y regresó en el año 1976. Ingresó a la Municipalidad de Formosa, al sector de Catastro. Años después renunció y consiguió trabajo en una empresa privada muy conocida, donde trabajó hasta el año 81, cuando la empresa por razones económicas empezó a reducir personal y fue despedido. Vilardell se considera bendecido porque siempre pudo obtener trabajo, más allá de las crisis. Sus aliados fueron los deseos de superación y perseverancia. 

Pocos meses después de quedarse sin trabajo, se conoció la noticia de que su esposa estaba embarazada, y resulta que su primera hija, Marcela, vino con el tan esperando “pan bajo el brazo”. Consiguió empleo en la Dirección de Arquitectura, donde permaneció hasta mediados del 82’, cuando migró al Ministerio de Salud Pública de la Provincia, para trabajar allí por las mañanas y por las tardes cumplía funciones en la empresa “Hijo Alejando Fridman”. A finales del año 1983 renunció a la provincia y se dedicó al trabajo privado dentro de la empresa Fridman, que era una de las más importantes a nivel nacional, que se dedicaba a la industria forestal y luego incluyó la fabricación de muebles.

En febrero del año 1991, la empresa cerró definitivamente. Esta fue una devastadora noticia para él, su grupo familiar y todas las familias que quedaban sin trabajo. Es por eso que Vilardell y un grupo de empleados de la firma formaron la Cooperativa de Trabajo El Pucú Limitada. “Teníamos dos alternativas, una era quedarnos con lo que nos ofrecía la empresa, que era indemnización en cuota o la entrega de algunas máquinas en concepto de indemnización; o juntarnos, aceptar las máquinas y continuar con la industria de muebles”, contó. Es así que en febrero del 91’ formaron la cooperativa con 45 socios, que si bien fueron cambiando de conformación social, continúa hasta el día de la fecha. 

Hay hijos de los primeros socios que trabajaban en la empresa que en la actualidad se capacitan y cumplen funciones con ellos, son generaciones que transmiten un oficio y fuente de trabajo. 

“Ya tenemos 27 años de permanencia y seguimos en la fabricación de muebles de madera maciza en una planta que tenemos en el Parque Industrial, y en cuanto se refiere a madera laminada, realizamos el trabajo en un predio cercano a la ruta 11. En total, entre trabajadores directos e indirectos son unas 40 familias que dependen de esa cooperativa”, contó.

Consultado sobre la concepción del trabajo que tienen los jóvenes, opinó: “En la actualidad pareciera ser que los jóvenes no están interesados en lo que les pueda tocar en el futuro. Nosotros antes, cuando estábamos en 4º año de la Secundaria, ya pensábamos qué íbamos a estudiar. Y si no podíamos, en qué íbamos a trabajar. Ahora eso pasó a segundo plano, se espera mucho pero se quiere dar muy poco”.

Así, aconsejó a aquellos que deseen construirse un futuro que se capaciten en las nuevas tecnologías, en todos los rubros, que serán imprescindibles en todas las empresas.

Toda una vida de sacrificio. En el transcurso de casi 30 años, son innumerables las anécdotas que cosechó, entre ellas se cuenta la ocasión en que Vilardell junto a la Cooperativa ayudó a darles un oficio a jóvenes incluidos dentro del Consejo del Menor y la Familia. Incluso, participaron en la construcción de módulos habitacionales en lo que se conoce como barrio Carlos Menem Junior. 

Vilardell tiene sobre sus hombros la responsabilidad de saber que son unas 40 familias que dependen de esa empresa que soporta los embates de las crisis de cada año. Pese a todo, realiza todo lo que está a su alcance para mantenerla en pie. “Y no es fácil”, admite.

Tragedia

La tragedia tocó a sus puertas hace dos meses atrás, cuando un empleado y un miembro de una cooperativa de trabajo tercerizado fallecieron y otra persona resultó gravemente lesionada a raíz de las heridas sufridas cuando el camión en el que viajaban se despistó y volcó en la ruta 86, cerca de la localidad de Laguna Blanca, en la zona norte de nuestra provincia. 

El trágico siniestro vial ocurrió entre las localidades de Buena Vista y Laguna Blanca. El camión se dirigía hacia la ciudad de Clorinda trasladando material mobiliario para un establecimiento escolar, en el marco del inicio de clases. “Esto nos entristeció muchísimo, son vidas que lamentamos mucho perder”, dijo.

Más allá de todo, este hombre es un buen ejemplo a compartir a quienes la crisis económica pone en juego la permanencia de su actividad. La clave, según él, es el trabajo conjunto, la buena comunicación, el sacrificio, la capacitación y la perseverancia.